El Diablo en las ciudades

Dicen por ahí que todas las grandes ciudades, en mayor o menor medida, han perdido el contacto con el mundo espiritual o, para que nos entendamos todos, el Diablo está más presente en las grandes urbes que en los sitios pequeños.

Las iglesias están llenas de turistas pero muy pocos de ellos entran a rezar. ¿Es un síntoma de la decadencia espiritual de la civilización occidental? Podría ser. Particularmente, estoy más de acuerdo con el pensamiento budista que dice el Diablo sólo está presente en cada uno de nosotros.

Sin embargo, existe una ciudad en el mundo en el que hay una estatua dedicada al Diablo. La ciudad en concreto es Madrid. Y la estatua se encuentra en el Parque del Buen Retiro, en pleno centro de la capital.

Una gran ciudad, en la que apenas se presta atención a lo espiritual y que, además, tiene una estatua dedicada al Ángel Caído.

Los madrileños estamos condenados. Sobre todo los que somos seguidores del Atlético de Madrid. Para nosotros no hay salvación posible.

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Escrito por Antonio López | 19 de Febrero de 2008 | 0 comentarios
Europa.

Visitando cementerios

Todo aficionado a los viajes debe entender que hay que tener la mentalidad abierta a la hora de explorar y conocer nuevas culturas. Que no se puede ir por el mundo pensando eso tan manido de “como en casa no se está en ningún lado”.

Desde luego, si uno piensa eso, más vale que no salga de su adorada casa.

Sin embargo, hay ciertas costumbres que a uno le chocan más que otras. Por ejemplo, la de visitar los cementerios.

Soy perfectamente capaz de contemplar una tumba siempre que ésta se encuentre rodeada por, mínimo, una catedral. Es decir, contemplo la tumba como un aliciente más de la catedral.

Pero, lo admito, soy incapaz de internarme en un cementerio.

Y eso que, según dicen, hay cementerios muy bonitos y, es más, en la mayor parte de los países, existe la costumbre de visitarlos.

No llego al extremo de pronunciar la frase con la que empezaba el artículo pero, lo digo con el corazón en la mano, aunque en ese cementerio se encontrara la tumba de Jim Morrison, o la de Groucho Marx, o la de Elvis Presley o, incluso, la del ser humano anónimo que vio a la famosa chica de la curva, yo no me encontraré allí.

Hasta dentro de muchos años, no pienso encontrarme allí. He dicho.

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Escrito por Antonio López | 3 de Febrero de 2008 | 0 comentarios
Culturas y General.

Cuesta de Moyano, Madrid

Una de las muchas entradas que tiene el Parque del Buen Retiro es la que se encuentra frente a la Estación de Atocha, en la Glorieta del Emperador Carlos V. Se trata de la mítica Cuesta de Moyano, lugar de paso obligado para todos los amantes de la literatura que, ávidos de tesoros ocultos, visitan sus puestos a la caza y captura del ejemplar perdido, añorado, olvidado o ansiado.

Porque en estas librerías se pueden encontrar verdaderos tesoros literarios pero, siendo muy importante, no es lo que más destaca del lugar. Lo que de verdad aporta la Cuesta de Moyano es esa paz tan necesaria como escasa en esta jungla de asfalto llamada Madrid.

Pasear entre los puestos, curioseando con o sin intenciones de consumir, disfrutando del tacto y el aroma de la vieja literatura, la de las páginas amarillas, la que tiene el sabor eterno tanto de las propias palabras como de la encuadernación lastimosamente olvidada.

Dejarse llevar por la pausa con la que los propios libros invitan a caminar, para tener tiempo de leer el título en los gastados lomos, esperando que uno de ellos nos llame y lo adoptemos para que sus páginas vuelvan a vivir de nuevo, sin saber que la vida nos la están dando ellos mismos, con la paz y la tranquilidad del paseo por la Cuesta de Moyano.

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Hoteles en Madrid

Escrito por Antonio López | 20 de Noviembre de 2007 | 0 comentarios
General y Turismo Cultural.

Casa de la Luna en Gascones, Madrid

Nunca me he considerado un amante de la naturaleza. Siempre había dicho que “me puedes sacar de la ciudad pero nunca sacarás la ciudad de mí”. Pero, claro, eso era “antes”.

Afortunadamente, los seres humanos cambiamos y evolucionamos. Adaptarse o morir, que decía el viejo Darwin. A día de hoy, una ciudad es una jaula en la que se desarrollan todas las psicosis de los seres humanos. Y, lógicamente, hay que adaptarse para no morir.

A menos de una hora de Madrid se encuentra la Sierra Norte, un conjunto de pueblos localizados en plena naturaleza, teniendo en cuenta que servidor es muy de asfalto y cuando ve tres árboles juntos los califica de “plena naturaleza” pero, bromas aparte, el marco es de los que se califica como “incomparable”.

Uno de esos pueblos es Gascones, donde se encuentra La Casa de la Luna, una serie de casas rurales que, si no salen en las películas de Disney es porque, afortunadamente, aún no las han descubierto. Porque encanto tienen para dar y tomar.

Un lugar en el que uno respira paz y tranquilidad, donde piensa que la verdadera adaptación del ser humano, necesaria para su propia supervivencia, es marcharse a vivir a un lugar como éste.

Yo, desde luego, lo estoy considerando. Y muy seriamente.

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Imagen: Casa de la Luna

Escrito por Antonio López | 9 de Noviembre de 2007 | 0 comentarios
Alojamientos y Europa.

Maravillas de la Antigüedad: Templo de Artemisa en Éfeso

Plinio, uno de los primeros historiadores de los que se tiene noticia, describió el magnífico edificio del Artemision de Éfeso como un templo edificado sobre una superficie de 73×141 metros, adornado con 127 columnas, de las cuales, 36 estaban provistas de diversos ornamentos.

Durante mucho tiempo, tomándolos por exgaerados, estos datos no se creyeron. ¿Cómo podía construirse precisamente en la costa de Asia Menor, un santuario cuatro veces mayor que el Partenón de Atenas?

Después de una búsqueda de 7 años, el ingeniero inglés J.T.Wood, halló el emplazamiento del templo de Éfeso. Demostró que Plinio no había exagerado. El templo debió ser realmente una maravilla del mundo, una construcción en la que se había fundido misteriosamente, y con incomparable belleza, el oriente y el occidente.

El templo fue incendiado en el 356 a.C. Dinócrates mandó reconstruirlo en su antiguo emplazamiento, siguiendo los planos originales. Los godos destruyeron definitvamente la maravilla en el año 262 d.C. Los restos que quedaron se hundieron poco a poco en el suelo pantanoso.

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Escrito por Antonio López | 9 de Noviembre de 2007 | 0 comentarios
Asia.

Mi primera aventura con los detectores de metales

No es una historia actual, lo reconozco. Sucedió hace casi ocho años, en el aeropuerto de Estocolmo. Pasando el detector de metales para acceder a la zona de embarque, me sentí paralizado, sin saber qué decir, como un niño al que sorprenden justo antes de cometer una travesura. Con la diferencia de que yo era total y absolutamente inocente.

Los detectores de metales y yo no nos llevamos bien. Hay que admitirlo. Cuando paso por debajo de alguno de ellos, inclinando la cabeza en señal de respeto y sumisión, ellos agradecen mi gesto emitiendo pitidos y poniendo en marcha todo su mecanismo de luces de tal modo que da la impresión de estar en Las Vegas. Al menos, es bonito.

Hasta tal punto llega nuestra mala relación que estoy convencido de que si pasara por un detector de metales tal y como vine al mundo, el muy cabrón pitaría. Por mantener la tradición. Y seguro que se sonreiría mientras a mí me pasaban el detector manual.

Porque no es la primera vez que me pasarían el detector manual. La primera fue en el aeropuerto de Estocolmo, como os contaba. Cruzo los arcos y zas, lucecitas al canto. Deposito las monedas y anillos en la bandeja. Aún no había tanta paranoia como después del 11-S pero bueno, el cuadro era para verlo, cola de pasajeros incluida. Vuelvo a cruzar. Otra vez los pitidos. “Ya estamos”, pensé. Y la cola de pasajeros iba aumentando. Me quito el cinturón que, por cierto, no tenía nada metálico. Siguen los pitidos. La policía, la única sueca que no era una diosa, me indica que me acerque. Me pasa el detector manual. Satisfecha al comprobar que no llevaba armas (por cierto, lo que pitaba eran los remaches de mis botas de cowboy), me deja acceder a la zona de embarque.

Todos los pasajeros me miraban como se mira a un sospechoso. Pasé cierta vergüenza pero, después, cuando la señora que iba a mi lado pidió que le cambiaran el asiento y yo me pude acomodar para echarme una siestecita, pensé que no hay mal que por bien no venga. Y entonces, igual que el detector había hecho con anterioridad, sonreí.

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Escrito por Antonio López | 7 de Noviembre de 2007 | 0 comentarios
General.

Templo de Debod, Madrid

El Templo de Debod fue un regalo del gobierno egipcio a las autoridades españolas después de que éstas hubieran participado en el llamamiento que la UNESCO hizo para salvar los templos de Nubia, especialmente el de Abu Simbel, amenazados por la construcción de la Presa de Asuán.

Situado en el Parque del Oeste, al lado del Paseo del Pintor Rosales, ofrece una de las vistas más bonitas de todo Madrid. Porque sí, aunque no lo parezca, esta ciudad tan llena de prisas y mala leche, también tiene rincones desde los que uno puede contemplar una de las puestas de sol más hermosas que se pueden disfrutar.

Porque el cielo de Madrid es precioso, como tantas veces ha retratado el genial Antonio López. Sin embargo, sumidos en las prisas de la cotidianeidad, nos olvidamos que lo tenemos ahí arriba, siempre pendiente de nosotros.

El paseo alrededor del Templo de Debod, en uno de los atardeceres maravillosos del otoño madrileño, es una de esas experiencias por las que merece la pena pagar el alto precio de vivir en la capital.

Y esa estampa del sol poniéndose sobre esta ciudad sin alma le hace a uno plantearse que sí, esta ciudad cada vez es menos humana pero aún así, es perfectamente capaz de seguir conmoviéndote. Una más de las benditas incongruencias que uno puede encontrar en Madrid.

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Hoteles en Madrid

Escrito por Antonio López | 6 de Noviembre de 2007 | 0 comentarios
Europa.

Maravillas de la Antigüedad: Jardines Colgantes de Babilonia

“Nabucodonosor ordenó levantar cerca de su palacio elevaciones de piedra, darles forma de montaña y plantarlas con toda clase de árboles y plantas exóticas. Por expreso deseo de su mujer Semíramis, instaló un jardín como los que había en la patria de ella”. Así lo contaba Flavio Josefo en su momento.

Semíramis, descrita por los autores de la época como una mujer dotada dde fuerzas divinas, no era, sin embargo, la esposa de Nabucodonosor.

En cambio, lo que está fuera de toda duda es que los jardines fueron construidos durante el reinado del monarca babilonio.

Pese a la fama de los jardines colgantes, no se trataba de una construcción “colgante” propiamente dicha. Más bien, parece ser un error en la traducción, pues el término latino pensilis puede traducirse por “colgante”, pero también, por “en forma de balcón”, más aporpiado y, desde luego, mucho más real.

Debemos imaginar el impacto que causó el floreciente oasis en un clima desértico y, sobre todo, independiente del nombre de ella, lo más bonito de todo, sea cierto o no, es que el rey mandó construir los jardines para que su esposa pudiera recordar la naturaleza de su patria.

Repito, sea cierto o no, el romanticismo de la obra bien merecería el calificativo de “maravilla del mundo”.

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Escrito por Antonio López | 6 de Noviembre de 2007 | 4 comentarios
Asia.

Génova también es Italia

Génova es una ciudad costera del norte de Italia, el segundo puerto más importante del Mediterráneo después de Marsella. Y, realmente, poco más. Como ciudad, es de las más normalitas de Italia, con la salvedad de que, mires donde mires, encuentras arte por todos los sitios. Es lo que tiene Italia. Que, cuando uno visitó la ciudad en cuestión, creyendo que entraba a ver un palacio renacentista se metió en una sucursal del Deutsche Bank. Incluso los bancos presentan una fachada menos carnívora de lo habitual.

La ciudad en sí es bulliciosa, mucho para la población que tiene (no llega a los 700.000 habitantes). Mucho tráfico en la zona nueva y muchas calles por las que pasear y perderse en la zona histórica.

¿La mejor manera de ver la ciudad? Partiendo de la Piazza Ferrari (todos los caminos llevan a ella, es imposible no encontrarla) se pueden realizar rutas por todo el casco artístico de la ciudad. En la oficina de turismo de la ciudad tienen unos folletos explicativos muy bien diseñados.

Como curiosidad, en el puerto de Génova está anclado el barco que sirvió de escenario para la película Piratas de Roman Polanski. Otro de los atractivos que tiene la ciudad, aparte de las construcciones características (no es Florencia pero no deja de ser Italia), es el Museo Oceanográfico, el segundo más grande de Europa tras el de Valencia.

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Escrito por Antonio López | 23 de Octubre de 2007 | 1 comentario
Europa.

Conil de la Frontera, Cádiz

Soy un enamorado de la provincia de Cádiz, lo confieso. Casi diría más. Mi pasión por esa provincia llega a la adicción. No me duele reconocerlo. Soy un yonki. Necesito mi dosis anual de mi droga gaditana, de sus playas y sus gentes, de su calidad de vida. Y mi droga favorita (ojo, ésta, junto con la radio, es de las pocas drogas buenas) de las múltiples que ofrece esta maravillosa provincia, es Conil de la Frontera.

Un pueblecito de pescadores, de calles estrechas y playas inmensas, alejado aún, y esperemos que por muchos años, de los horrores urbanísticos que pueblan la mayor parte del litoral español, que mantiene vivo el sabor de las cosas cercanas y bien hechas.

Porque aún no he encontrado otro lugar en el que una tortillita de camarones tenga el sabor de las que se pueden degustar aquí, contemplando el mar, pensando que algo tan bueno no puede ser sano. Porque es a lo que nos han acostumbrado, que las cosas bien hechas tienen que tener algún tipo de trampa y/o cartón. Pero no, Conil no lo tiene. Al menos, aún no.

Y todos los años, por esta serie de cosas y por otras muchas que prefiero callar (recordemos que me gustaría que siguiera siendo mi lugar especial), no falto a mi cita anual con este paraíso en la tierra.

Año tras año, cuando llega el puente de Mayo, llueva, truene, nieve, haga frío o haga calor, cojo mi sombrero, me lo pongo y, como dice la canción, vamos a la playa, calienta el sol, shiribiribi, poropopo. Una de esas tradiciones que merece la pena mantener.

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Escrito por Antonio López | 3 de Octubre de 2007 | 0 comentarios
Europa.

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