Visitando cementerios

Todo aficionado a los viajes debe entender que hay que tener la mentalidad abierta a la hora de explorar y conocer nuevas culturas. Que no se puede ir por el mundo pensando eso tan manido de “como en casa no se está en ningún lado”.

Desde luego, si uno piensa eso, más vale que no salga de su adorada casa.

Sin embargo, hay ciertas costumbres que a uno le chocan más que otras. Por ejemplo, la de visitar los cementerios.

Soy perfectamente capaz de contemplar una tumba siempre que ésta se encuentre rodeada por, mínimo, una catedral. Es decir, contemplo la tumba como un aliciente más de la catedral.

Pero, lo admito, soy incapaz de internarme en un cementerio.

Y eso que, según dicen, hay cementerios muy bonitos y, es más, en la mayor parte de los países, existe la costumbre de visitarlos.

No llego al extremo de pronunciar la frase con la que empezaba el artículo pero, lo digo con el corazón en la mano, aunque en ese cementerio se encontrara la tumba de Jim Morrison, o la de Groucho Marx, o la de Elvis Presley o, incluso, la del ser humano anónimo que vio a la famosa chica de la curva, yo no me encontraré allí.

Hasta dentro de muchos años, no pienso encontrarme allí. He dicho.

suarez_cementerio.jpg

Escrito por | 3 de febrero de 2008 con 0 comentarios.
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