La Lonja de Moratalaz, Madrid

Vivo en Madrid, con todo lo que ello implica. Prisas, atascos, mala leche, ruido, contaminación, barrios que recuerdan a los del videojuego San Andreas, otros que lo hacen a las películas de Batman, en fin, un primor.

Sin embargo, aún hay sitios que, como la aldea de irreductibles de Asterix, se resisten a desaparecer entre el maremagnum alienante de la gran ciudad. Sitios que, aunque uno lleve toda la vida aquí, nunca había visitado. Nos suele suceder con excesiva frecuencia. Entendemos el turismo sólo cuando abandonamos nuestro hogar, sin darnos cuenta de que, en nuestra propia ciudad, hay muchos lugares que bien merecen una visita.

Uno de esos es el barrio de Moratalaz, un lugar medianamente tranquilo (para ser Madrid, por supuesto), al que un servidor no se había acercado jamás. O, mejor dicho, no lo había hecho con detenimiento.

Pero, como la vida te da sorpresas, como dice la canción, de repente te encuentras con un lugar que, siendo Madrid, no parece Madrid. La Lonja de Moratalaz es un lugar que, desde el primer momento que lo vi, me recordó a la playa. Toda una hilera de terrazas situadas en una zona peatonal, sin ruidos ni coches, con el único acompañamiento del sonido ambiente de los barrios de siempre, las conversaciones de las gentes, las charlas sin prisa, esas pausas en las que uno puede aprovechar para conocer a la otra persona, sin velocidades estúpidas, cerrando las terrazas si hace falta, aunque al día siguiente haya que madrugar.

La Lonja de Moratalaz, un lugar perfecto para irse de vacaciones sin salir de casa. Y si uno puede disfrutar de ella con la mejor compañía que uno pudiera imaginar, ¿qué más se puede pedir?

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Escrito por | 24 de septiembre de 2007 con 1 comentario.
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