Paseando por Trujillo, Cáceres

Regresando de un viaje a la siempre maravillosa y espectacular costa gaditana (un día me quedo allí, lo juro), nos desviamos de la carretera para conocer un pueblo llamado Trujillo, en la provincia de Cáceres.

Famoso por su espectacular plaza mayor, una de las más bonitas de España, Trujillo tiene el sabor de los pueblos de siempre, con sus calles angostas y empinadas, un pueblo que mantiene viva la esencia de las cosas eternas, sencillas y cotidianas, esas mismas cosas que habitualmente desdeñamos precisamente por eso, por su cotidianeidad. Dado que se trata de pequeños detalles que no están rodeados de luces de neón ni de caras bonitas, esta sociedad en la que tenemos la suerte o la desgracia de vivir (elíjase la más apropiada al sentir de cada uno) apenas les presta atención, afortunadamente porque, si lo hiciera, se convertiría en un producto sin alma. Y ya hay demasiados.

Trujillo merece una visita, o dos, o tres o las que sean, para poder dar un paseo por sus calles, detenerse en su plaza mayor, contemplar la estatua ecuestre del conquistador cuyo apellido es el mismo de este precioso lugar, entrar en uno de los múltiples mesones que jalonan la plaza y degustar, sin prisas, como debe ser, un buen plato de jamón ibérico acompañado de un vino de la zona, sintiéndose cerca del paraíso, saboreando todas esas delicias, ambiente y comida, cayendo en la cuenta de que lo que uno puede encontrar en Trujillo sí es vida de verdad.

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Escrito por | 5 de septiembre de 2007 con 1 comentario.
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