Comportándonos como los romanos

Reza un viejo dicho, que debería ser el mantra de todo buen aficionado a los viajes, que “cuando vayas a Roma, compórtate como los romanos”.

Esto, tan antiguo como el propio mundo o, al menos, tan antiguo como la propia Roma, que ya son años, pretende ilustrar sobre una manera de hacer turismo, muy alejada de la que se ejerce los domingos, con la fiambrera y la tortilla de patata bajo el brazo, tremendamente respetable, por otra parte.

Sin embargo, mientras la una intenta imbuirnos, en la medida de la posible, medida referida al tiempo del que disponemos para viajar, de las costumbres locales, la otra se limita a la pandereta y la sevillana, recurriendo al tópico fácil y al folclore más rancio y apolillado.

Que, repito, ambas formas son igualmente respetables, eso sí, con la diferencia sustancial ya expuesta.

Un ejemplo perfecto sería lo que sucede con los libros.

Uno puede quedarse con la portada y la fotografía del autor en la parte posterior, junto con el breve resumen de la obra o bien, puede empezar a leer el contenido, descubriendo así, por uno mismo, si, efectivamente, es oro todo lo que reluce.

Que cada uno haga lo que quiera, pueda o sepa, por supuesto, pero, si viajar es una manera perfecta de abrir los ojos al mundo, no veo cómo ese fenómeno se puede producir quedándonos únicamente con el primer juicio que nos sugiere la portada del libro, a veces acertado, las menos, a veces equivocado, las más.

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Escrito por | 11 de julio de 2007 con 1 comentario.
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